19 de agosto de 2009

RESTAURACIÓN


El cielo oscuro, la monotonía golpea toda forma en el suelo. Y las luces entre la vía X y S parpadean…
Ximena, sentada en medio del asfalto, sostiene entre sus brazos a Ricardo, su ser más querido, su amor, y vida. Llora inconsolablemente y contempla por última vez el cuerpo de su apuesto chico. Sostiene sus párpados, y levemente los desliza, otorgándole el sueño profundo… Gira su cabeza y observa el facsímil de Ricardo, que desaparece por la calle X. Una imagen fúnebre.

En numerosos casos, se cree que para vivir placenteramente, es necesaria la compañía de una bella dama e hijos, pero para un amor sempiterno, ¿Qué se necesita aparte de lo mencionado?Vayamos al comienzo. Un bar, no es importante, pero es el principio. Una mujer hermosa entra, ve a un joven, ¿Lo conoce? Parece que no, pero si así fuese, ¿Él la recocerá? No olvidemos, esto es una reconstrucción, algo ficticio, pero que a la larga, duele.

-Hola –dice acercándose al joven y extiende su mano.
-Hola –responde, estirándole el brazo.
Se saludan, el bar nunca se detuvo en el tiempo por el encuentro, pero inexplicablemente algo cambia, ¿Aún no es entendible? Retrocedamos un poco en el tiempo…

Ella, se encuentra sentada en el café bar de la esquina X con S, aspira su cigarrillo, le da un sorbo a su capuchino y espira el humo. Advierte a un joven apuesto por uno de los innumerables cristales del café. Corre, lo alcanza y dice.
-Ricardo, ¿Qué haces por aquí mi amor?-Perdón, señorita no la conozco –responde esquivándola.
-Vámonos de aquí Ricardo –dice, mientras se detiene frente de él.
-No puedo, ¿De qué me está hablando usted? –pregunta, sacándole la mano del pecho.
Desesperada, lo envuelve entre sus brazos, lo mira fijamente –diciendo, dime que amas y que es una broma, no te alejes de mí.
-Lo siento –alcanza a decirle, mientras suavemente quita las manos de su cuerpo y se va.
Sentada, ella saca toda su sensibilidad y hoy más que nunca, es vulnerable. La imagen es incomprensible, pero ¿Qué piensa Ricardo a todo esto? Todavía no acaba…

Lo que no fue en un principio, inexplicablemente, se convierte en algo importante. Contemplando la carretera desde su balcón, y con un nudo en la garganta, Ricardo, está a punto de finalizar su existencia, aunque él, en ningún momento lo perciba. De pronto, una llamada…
-Ricardo–responde él.
-¿Lo decidiste? –pregunta la voz femenina por el teléfono.
-Si –responde, con algo de dificultad-. Allí estaré, a las nueve en el bar…. (Cuelga)

Retrocedamos más. Ya no es el principio, pero se torna importante. Una mujer hermosa entra a un bar, ve a un joven, ¿Lo conoce? Parece que no, pero si así fuese, ¿Él la recocerá? No olvidemos, esto es una reconstrucción.
-Hola –dice acercándose al joven y extiende su mano.
-Hola –responde, estirándole el brazo.
Se saludan, el bar nunca se detuvo en el tiempo por el encuentro, pero misteriosamente, algo cambia. Veámoslo...
-Listo para el viaje amor –dice ella, mientras toma asiento.
-No lo sé, todavía –responde Ricardo-. Pero, ¿Dónde iríamos?
-A lo quimérico –menciona, dibujándose una leve sonrisa en entre sus labios.
-Me encantaría, pero no estoy seguro –dice él, preocupado.
-Todo va a salir lindo mi amor –dice mientras le toma sus fuertes manos.
-Me encantaría, créeme que me encantaría –responde, mirando como las manos de su amada aprietan los suyos.
-Te llamaré –dice ella, dándole un beso en la boca. Se pone de pie, y desaparece tras la puerta del bar.

Tenemos los ingredientes para un viaje, el apuesto hombre, la mujer hermosa y algunas valijas. Y lo más importante, las intenciones de viajar. Ahora, regresemos en el tiempo y empecemos desde el comienzo. Un bar, es importante y es el principio. Una mujer hermosa entra, ve a un joven, ¿Lo conoce? Parece que no, pero si así fuese, ¿Él la recocerá? No olvidemos, esto es una reconstrucción.

-Hola –dice acercándose al joven y extiende su mano.
-Hola –responde, estirándole el brazo.
Se saludan, el bar nunca se detuvo en el tiempo por el encuentro, pero ciertamente algo aumenta.
-Listo para el viaje amor –dice ella, mientras toma asiento.
-¿Viaje? ¿A dónde? –responde sorprendido.
-A España, ¿Vamos? –dice, mostrando una sonrisa suave.
-Todavía no –menciona él, mientras espira el humo.
-¿Italia? –vuelve a preguntar, mientras le toma sus fuertes manos y le dirige una mirada suave.
- No –dice secamente-. Pero… ¿Cómo te llamas?
………………………..
Un apuesto joven, con valija en mano, entra a un bar, inspecciona el lugar. ¿Buscará algo? Apuesto a que sí, prestemos atención. Él, observa detenidamente cada zona del pequeño bar, hasta que aprecia a Ximena, tomando de la mano a un hombre con características increíblemente idénticas a él. Sorprendido, al ver las manos de su amada rozando otras, corre desesperado hacia la calle X, sin percatarse el venir de un coche, se detiene en la autopista esperando el juicio…

Ahora… El chillido de las llantas sobre el asfalto, alarma a todos, provocando la salida fuera del bar a Ximena entre otros...
Ahora, un cuerpo sin vida yace en medio de la carretera. ¿El final? Sólo del de Ricardo y su historia… El cielo oscuro, la monotonía golpea toda forma en el suelo. Y las luces entre la vía X y S parpadean… Ximena, sentada en medio del asfalto, sostiene entre sus brazos a Ricardo, su ser más querido, su amor, y vida. Llora inconsolablemente y contempla por última vez el cuerpo de su apuesto chico. Sostiene sus párpados, y levemente los desliza, otorgándole el sueño profundo… Gira su cabeza y observa el facsímil de Ricardo, que desaparece por la calle X.
Una imagen fúnebre…

7 de agosto de 2009

Medianoche de Placer


Sentado en la caseta de un edificio con seis apartamentos de la calle X, Eduardo piensa y reflexiona en las oportunidades que ha tenido y de las que se arrepiente por ser ahora un vigilante, que muchas veces es mirado por debajo del hombro y algunas veces tratado con displicencia.
Hoy es sábado y estar al cuidado de quien sale y entra al edificio lo tiene disgustado, como cada fin de semana, él se quedará veinticuatro horas, descansando todo el domingo a partir de las ocho de la mañana. Media noche y cansado de que algunos inquilinos no lleguen, decide ir a la parte posterior del departamento, donde se sitúan los once autos que a veces tiene que lavar y un pequeño depósito del cual, él lo trata como su santuario, un minúsculo lugar de paz, de armonía, su terreno, un lugar donde puede soñar teniendo alguno de esos coches estacionados allí e irse lejos, sin límites. Cierra sus ojos marrones y empieza a sumergirse en un mundo desconocido y de fantasía del cual no conocemos mucho.

Eduardo echado en un montón de cartones, queda profundamente dormido, se sumerge en la total oscuridad y queda libre de todo trabajo y responsabilidad.

Con su cabello de león oscuro, su nariz recta, ojos marrones y mirada penetrante, siempre supo sacar provecho de algunas de sus cualidades que no podían pasar desapercibidas y de las que él estaba agradecido con sus padres.

El constante alarido de un pequeño aparato, logra perturbarlo y sacarlo posiblemente de un sueño húmedo, no piensa en eso y corre presuroso a la puerta y en asombro, distingue a Karina, hija de uno de los importantes huéspedes de la barra de cemento.

Una chica sencilla al momento de vestirse y de las más guapas del departamento se encontraba ante él, inmediatamente puede sentir una brisa de alcohol que golpeaba su rostro cuando le dirigía la palabra, su porte y caminar se encontraban un poco obstruidos por el exceso del alcohol. Inmediatamente la hace pasar y empiezan a dirigirse hacia el pasillo.


-Por favor no me lleves a mi apartamento Eduardo –alcanza a decir Karina.
-¿Porqué? Debes descansar Karina – dice Eduardo.
-¿No creas que estoy borracha ok? –dice.
-Si claro, como crees –responde.
-Yo sé porque te has demorado – vuelve a decirle al oído, pero con más intensidad.

Como carajo pudo enterarse que duermo en el depósito, piensa Eduardo

-No sé de qué me hablas Karina –responde seguro para evitar ser sorprendido, pero ocultando su rostro.
Karina ríe al ver que Eduardo voltea su rostro.
-Tontito, conmigo no te hagas el muy educado y más bien llévame al depósito contigo esta noche –dice Karina con un una leve sonrisa entre sus labios.
-¿Estás loca? Tus padres pueden enterarse y me joderían –reacciona Eduardo.
-No te preocupes, ellos todavía no llegan y señala un pequeño parqueo de sus padres.

Efectivamente en el sitio, solo se encontraba un auto perteneciente al de su madre, pero el otro no estaba. Eduardo medita su situación y sabe que posiblemente pasar la noche con Karina sea su carta pase a su casa.
Un jalón lo hace descender con dirección al depósito, dejándolo mudo.


-Últimamente he estado pensando en ti –le dice, y piensa en lo que hará esta nochecon Eduardo, “solo jugar”.

Ya no puedo seguir indeciso, si vamos hacer algo que éste sea el momento, piensa Eduardo, al ver entrando a Karina al depósito.

-Yo también desde el día que te vi, he pensado en ti –añade Eduardo.
-Me encantas Eduardo, hazme tuya –le susurra al oído.
-Karina tu tambien me encantas, hoy vas a ser mía –responde con apuro.


Al entrar, los besos incendian a Eduardo y Karina, que inician el acto amoroso. Las cuatro manos se pierden entre los roces y movimientos que empiezan. Eduardo logra desvestirla y seguidamente ella a él, el pequeño depósito helado, empieza a subir de temperatura.
Eduardo aprecia su cuerpo blanco y atlético, delgada con unos bustos proporcionados y bien erguidos le dan seguridad y aprecio por su cuerpo, piernas largas y de piel suave como el durazno, su entrepierna limpia y libre de minúsculos bellos hacen que él la desee más.


-No debo ir tan lejos, piensa Karina.
-Hasta donde querrá llegar, piensa Eduardo.

La situación se sale de control para Karina, no puede esquivar los besos y caricias que le propicia su nuevo amante, el roce de los sexos hace desearlo aún más, Eduardo acaricia y besa sus pechos, toca su sexo y la acomoda entre los tantos cartones que están esparcidos por el suelo. Karina se acomoda y disfruta el momento. Jaime nunca me hizo sentir así, nunca pensé que podría desear tanto a un chico, y mucho menos a mi portero. Un chico humilde pero que en el fondo deseo y quiero que se hunda en mí, piensa. Karina logra aprecia el sexo grueso y bien erguido que está a punto de poseer y que ella admira y desea tenerlo…


-Métete en mí –clama Karina.
-Como usted ordene jefa –dice sonriendo en un tono de placer.
Eduardo la mide, hundiéndose entre sus piernas y de a poco empieza a envestirla de manera sutil.

Una noche inolvidable, pero penosa piensa Karina...A los dos días después(lunes), Eduardo llega como de costumbre a trabajar y para su sorpresa se entera que Karina partió a los Estados Unidos el domingo por la tarde.


Nunca pensó enamorarse de ella, pero hoy sábado, una semana después de su encuentro carnal descansa en el mismo lugar que alguna vez encendió el deseo de una niña rica. Y que él extraña porque esa niña rica logro perturbar sus emociones y deseos...